En el mundo actual, la sostenibilidad es un factor cada vez más relevante, tanto para las personas como ciudadanos como para las empresas. En los últimos años, estas últimas se han enfrentado a grandes retos para adaptarse a un contexto en el que la sostenibilidad no es solo una opción, sino un valor central. Aquí es donde entra en juego la comunicación como una herramienta transformadora para informar, educar y movilizar.
Una buena comunicación no solo transmite mensajes; tiene el poder de generar conciencia y cambiar comportamientos. En temas clave como el cambio climático, la economía circular o el consumo responsable, la comunicación juega un papel fundamental.
Campañas como “La Hora del Planeta” han logrado unir a millones de personas, empresas, ayuntamientos y organizaciones en un objetivo común: crear conciencia sobre la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.
Lanzada en 2007 por World Wide Fund for Nature (WWF) y la agencia publicitaria Leo Burnett en Sídney, esta campaña invita a hogares, oficinas, locales y monumentos de todo el mundo a apagar las luces durante una hora como un acto simbólico de compromiso con el medioambiente. Desde entonces, se ha extendido a más de 188 países, demostrando que un mensaje sencillo y claro puede tener un alcance global y un impacto significativo.
Con el auge de las plataformas digitales y las redes sociales, iniciativas como esta han encontrado nuevas formas de amplificar su alcance. En el caso de “La Hora del Planeta”, el uso de hashtags como #HoradelPlaneta y #ApagaporlaNaturaleza ha fomentado la participación y ha permitido que millones compartan su compromiso, creando una comunidad digital alrededor de la causa.
Sin embargo, comunicar sobre sostenibilidad no está exento de retos. Una de las mayores amenazas a la credibilidad de estos mensajes es el greenwashing, una práctica engañosa en la que las empresas proyectan una imagen ecológica mientras sus acciones reales no son coherentes con este posicionamiento. Esto no solo afecta a la confianza del público, sino que también puede deslegitimar los esfuerzos genuinos por parte de otras organizaciones.
La coherencia entre lo que una empresa dice y lo que hace es clave. Como bien se dice, “somos lo que hacemos, no lo que decimos”. No se trata de exigir perfección, sino de promover la transparencia y la honestidad en la comunicación. Las empresas deben estar dispuestas a reconocer sus desafíos, destacar sus logros y, sobre todo, ser claras sobre sus compromisos futuros.
En resumen, una comunicación clara, coherente y orientada a un propósito puede generar cambios profundos en la mentalidad y las acciones de las personas. Cada mensaje cuenta. Comunicar con intención puede ser el primer paso hacia un mundo más sostenible.
