Hay noticias que llaman especialmente la atención cuando has vivido el sector desde dentro. Eso me ocurrió al leer que Zity dejará de operar en Madrid este mes de mayo tras ser absorbida por Mobilize Share.
Más allá del cierre de una marca concreta, esta noticia me hizo reflexionar sobre algo mucho más amplio: el momento que está viviendo el sector del carsharing y, en general, el enorme reto de construir modelos de movilidad sostenible que también sean viables como negocio.
Durante los últimos años, las ciudades han transformado por completo la forma en la que nos movemos. Conceptos como movilidad compartida, electrificación o sostenibilidad urbana han dejado de sonar futuristas para formar parte del día a día de miles de personas. Y el carsharing ha sido uno de los grandes protagonistas de ese cambio.
Flota Carsharing Madrid. Fuente: Fleet People
Madrid es un buen ejemplo de ello. Durante mucho tiempo, empresas como Zity, WiBLE, Free2Move o Share Now han formado parte del paisaje urbano y de la rutina de muchísimos usuarios. Abrir una aplicación y encontrar un coche cerca dejó de ser algo novedoso para convertirse en una alternativa real al vehículo privado.
Precisamente por eso, el cierre de Zity resulta tan interesante de analizar.
Porque, aunque desde fuera pueda parecer un modelo sencillo, coches disponibles en una app listos para usar, detrás existe una estructura operativa extremadamente compleja. Y eso es algo que pude ver de cerca durante mi etapa en WiBLE.
El carsharing es un sector con una competencia muy fuerte y muy agresiva en precio. Conseguir captar usuarios y, sobre todo, mantenerlos, requiere un esfuerzo constante. Desde marketing, por ejemplo, era imprescindible estar permanentemente atentos al mercado: campañas, promociones, descuentos, acciones especiales en festivos, puentes, eventos o fechas señaladas… El real time marketing tenía muchísimo peso y el benchmarking era prácticamente diario.
Porque en un sector donde el usuario tiene varias aplicaciones similares en el móvil, mantenerse en el top of mind no es nada fácil.
Y precisamente por eso creo que el cierre de Zity tiene todavía más relevancia. Porque, independientemente de la competencia, consiguieron construir una marca reconocible y muy presente en la mente de los usuarios.
Pero el reto del carsharing no se queda solo en la comunicación.
⚙️ Operaciones
Equipos gestionando la redistribución de vehículos, el repostaje, o la disponibilidad de coches en momentos y lugares clave. A ello se suma el trabajo de taller y mantenimiento, donde golpes, averías o accidentes forman parte del día a día.
📱IT y atención al cliente
El funcionamiento de la app requiere un soporte tecnológico y humano constante. Incidencias con la apertura de vehículos o problemas durante el alquiler hacen a estas áreas clave para garantizar una buena experiencia de usuario.
⚖️ Legal
Existe una parte legal compleja detrás de este modelo de negocio. Impagos, accidentes o la gestión de datos sensibles como DNIs y carnets de conducir forman parte de un trabajo esencial para que el servicio funcione correctamente.
Todo esto hace que el carsharing sea un modelo mucho más complejo de lo que muchas veces percibimos como usuarios.
Y ahí aparece una de las grandes preguntas del sector: ¿cómo conseguir que un modelo de movilidad sostenible sea también rentable y escalable en el tiempo?
Porque iniciativas como Zity aportan un valor evidente a las ciudades. Reducen la necesidad de tener coche propio, ofrecen alternativas más flexibles de movilidad y ayudan a replantear el uso del espacio urbano. Sin embargo, también ponen sobre la mesa una realidad importante: que un proyecto tenga impacto positivo no garantiza automáticamente su sostenibilidad económica.
En este contexto, la absorción por parte de Mobilize Share tiene bastante sentido estratégico.
Tal y como explicó Rosa Campos, directora general de Zity by Mobilize, esta integración responde a la apuesta del Grupo Renault —al que Zity se incorporó en 2023— por construir una plataforma de movilidad global capaz de integrar distintas soluciones bajo un mismo ecosistema (El Confidencial, 2025).
Y, realmente, la conexión entre ambas marcas es lógica. Los vehículos utilizados por Zity, como los Dacia Spring o Dacia Sandero, ya pertenecen al ecosistema Renault. La integración parece responder a una tendencia cada vez más habitual: consolidar servicios, optimizar recursos y unificar modelos de movilidad bajo plataformas más amplias y eficientes.
Aun así, resulta interesante cómo la comunicación de esta transición intenta transmitir continuidad más que ruptura. De hecho, la marca seguirá existiendo visualmente bajo el nombre “Zity by Mobilize”, manteniendo parte de su identidad reconocible para los usuarios.
Rosa Campos, directora de Zity by Mobilize. Fuente: El Confidencial
Y creo que ahí también hay un aprendizaje importante desde el punto de vista de la comunicación: incluso cuando un servicio desaparece o se transforma, la forma de comunicarlo sigue siendo clave para mantener la confianza y el vínculo con las personas.
Quizá por eso esta noticia me parece tan interesante. Porque reúne muchos de los temas que más me interesan profesionalmente: sostenibilidad, comunicación, negocio y transformación urbana.
Y también porque refleja algo que probablemente veremos cada vez más en los próximos años: cómo las empresas relacionadas con la movilidad sostenible tendrán que encontrar el equilibrio entre impacto, innovación y rentabilidad para poder mantenerse en el tiempo.
La sostenibilidad ya no consiste solo en tener buenas ideas. El verdadero reto está en conseguir que esas ideas funcionen, crezcan y permanezcan.
